Enfoque erróneo

Huracán

Te levantas un lunes por la mañana, tan temprano que el sol todavía no alumbra tu paso, te palpas los bolsillos creyendo que lo llevas todo, pero, ¡demonios!, ¡la cartera!, o las llaves del coche, o otras muchas cosas que olvidas durante la vida, de las que te acuerdas justo al cerrar la puerta. Obligándote a buscar tus llaves para volver a por ello (siempre que no sea precisamente eso lo que has olvidado), contando con uno de tus descuidos más afortunados, pues, solo tienes que volver a entrar en casa, sin apenas tiempo para «echarte un café al cuerpo”.

Ese instante de angustia refleja la rutina de la gran mayoría de personas que habitamos el mal llamado primer mundo, más bien me gusta llamarlo el mundo enriquecido. Arrastramos el alma por la vida que nos rodea “con la hora pegada al culo”, como se suele decir, y en esa vorágine de cosas por hacer, sitios donde llegar, y objetivos que alcanzar, se nos va la vida… Sí, habéis leído bien, ¡se nos va! Yo también me he dejado arrastrar por este huracán de estrés que nos engulle para siempre, me gano mi sustento trabajando, como todos, esto solo es una vía de escape, mi particular «válvula de seguridad».

Los días de la semana pasan volando envueltos en esa carrera sin fin, con la triste esperanza de que llegue el viernes, para poder disfrutar de lo que uno quiera. Y para cuando te das cuenta, otra vez a empezar…

El tiempo… ¿qué es el tiempo?

Todos conocéis con seguridad la respuesta, pero yo os propondré un viaje alternativo, un camino secundario del que nadie habla. Cualquiera podría buscar lo que dice la rae al respecto, y no voy a ser yo, un don nadie, quien exponga teorías alternativas, ni voy a rebatir a Einstein, ni a ninguno de los grandes pensadores que hubo antes que nosotros. Pero, creo que la respuesta no es tan explícita como nos cuentan…

Nunca imaginé mi vida de otra forma a la actual, pues me críe en una familia más bien modesta, trabajadora, y esta ha sido siempre mi normalidad, delimitada por el tiempo. Pero, ¿qué hubiese creído si hubiese crecido en un entorno más acomodado? Hay quien disfruta de su tiempo, no lo persigue con la certeza de no alcanzarlo jamás. Hay quien no mira el reloj más que cuando le apetece, o cuando tiene hambre. El resto de mortales vivimos bajo su yugo, éste dicta nuestra rutina, nuestros hábitos, en ocasiones, incluso nuestra voluntad…

Muchos pensareis que es la historia de siempre, los ricos pueden permitirse el lujo de elegir, no conocen ese fiel compañero al que llamamos estrés. Pero os diré algo, no todo es lo que parece. ¿Nos hace falta el último modelo de smartphone? ¿Es necesario que vayamos a “la última”? Yo ceo que no, y cada uno es libre de creer lo que le parezca, pero vivíamos igual hace unos años sin nuestra dependencia tecnológica, sin tener que mirar el WhatsApp cada cinco minutos. Y os diré algo más, vivíamos más, con más intensidad, había más contacto, nos conocíamos mejor. Ahora vamos abocados a la superfluidad de una fachada, al “postín” de los perfiles de Instagram, y demás redes sociales. Ensombreciendo el potencial que estos medios tienen para fines muy dispares, alejados de la fantasía actual, y de la oferta de piel que en ellos se observa.

¿Locura…?

Habrá quien piense, “este está loco. Ha empezado hablando del tiempo y ahora… Instagram”. Y sí, posiblemente haya algo de locura en mí, pero prefiero pertenecer a “esos locos” que van a contracorriente…

Y no, no me desvió para nada del tema en cuestión, está todo relacionado.

He tenido alguna oportunidad de viajar a países empobrecidos, y conozco la experiencia del que lo hace a menudo, y allí son más felices sin tantas preocupaciones, sin tanto “que hacer”. Conozco un proverbio árabe, que dice algo así: toda tu riqueza es aquello que podrías salvar de un naufragio. ¡Esas son las únicas posesiones que puedo envidiar! La experiencia, la sabiduría, la paz, el tiempo…

El de esta gente empobrecida es diferente, más extenso. Sé que el tiempo es invariable para todo aquel que viva pegado a la tierra, pero me gusta pensar que no es así. Porqué, a aquellos que hemos sido envueltos por ese huracán de estrés y objetivos, se nos ha robado el tiempo, ese mismo del que disfrutan aquellos que no tienen la posibilidad de caer en las redes del consumismo, que, ante la deficiencia económica, se refugian en lo cotidiano, en las amistades que perduran, en la familia que se quiere. Y eso los convierte en personas mucho más felices. Se suele decir que sonríen más cuando tienen menos, pero yo creo que tienen mucho más, porque, ¿Qué es sino la felicidad? Lo es todo amig@s, absolutamente todo.

¿Por qué no decir la verdad?

Alguien malvado dijo hace no tanto: “una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad”. Entonces, ¿por qué no deberíamos repetir tantas o más veces una verdad tan grande? ¿Por qué desistir ante una guerra que llevamos perdiendo hace tanto tiempo? ¿Por qué ya está perdida? ¡No! Mientras haya personas que quieran ser mejores, que se preocupen por su semejante, o que logren salir del huracán, anclen sus pies al suelo, y exhiban su mejor sonrisa, mientras quede alguien que prefiera tomar algo con los amigos, pasar un rato en familia, o ambas cosas a la vez, todavía hay esperanza.

Quiero vivir en un mundo en el que mi vecino me devuelva el saludo sonriente en las mañanas, sin que ese huracán se haya tragado su humor, y su educación. Donde se valore a quien más “tiene”, (tal y como yo concibo ese verbo, no de la forma que nos lo explican generación tras generación), sin importar su color o condición. Donde no se machaque nuestro sistema cardiovascular hasta el punto de tener que perseguir a un tiempo que corre más que nosotros. El tiempo que anhelo debería caminar al son de mis pasos, y detenerse cuando disfruto de la compañía…

¿Un simple pensamiento…?

Pienso en un lugar donde no sea un pecador el librepensador, donde tomarme la vida con humor, y reírme de lo que me parezca. Porque la felicidad se esconde detrás de sonrisas sinceras, de acciones desinteresadas, y éstas últimas, por desgracia, están en peligro de extinción…

Existe un mundo donde EL TIEMPO NO ES ORO, SINO VIDA, donde se puede disfrutar a cada paso, a cada bocanada de aire, a cada saludo recíproco, a cada conversación distendida. Y podéis llamarme loco, pero creo que es el mismo mundo que pisamos. Aunque haya un huracán que lo esté arrasando, aún quedan pedazos de tierra sana, de tranquilidad, de paz, incluso de silencio…

¡Detén el huracán!

Por eso puedo asegurar, que el tiempo no es como nos lo contaron, es por desgracia, como “ellos” quieren que sea. También creo que hay más “locos” como yo, que no están de acuerdo con este enfoque, y que, en estos tiempos huracanados, todavía creen en utopías, en quimeras. A vosotros os digo: si se repartiera el tiempo de forma justa, si el beneficio de los avances no se tradujera en papel de bolsillo, podríamos vivir en un mundo que nos ofrecería mucho más tiempo… Y el tiempo, si se es feliz, lo es todo. Porque, EL TIEMPO ES VIDA, ¡NO ES ORO! Si lo dejas escapar, nunca volverá.

Cuantas confesiones perdidas, cuantas disculpas que nunca fueron, cuanto amor se ha olvidado, dejando marchar el tiempo, cuantas verdades secuestradas con cada uno de esos momentos.

Dejemos de perseguir a nuestros días, ante la seguridad de no encontrar más que la noche. Pues, si no disfrutamos de la luz, ¿cómo podremos estar seguros en la oscuridad…?

 

P.D. Aquí os dejo un famoso corto que me recomendó un amigo. Os invito a comentar el post con vuestras propias conclusiones sobre el mismo. Porque, su brevedad es equiparable a su profundidad, y se pueden extraer conclusiones de todo tipo. La obvia, dado el tema del post, la diré yo: Toda la vida corriendo, y cuando apenas aprendes a vivir, se acaba…

Pero hay muchísimas más…

 

 

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Un comentario en “Huracán

  1. Completamente de acuerdo con tu conclusión, será obvia, pero no hay otra tan cierta. Por cierto, yo también aspiro a vivir en un lugar como el que propones, un lugar que por utópico no hay que dejar de creer en él, y luchar por conseguirlo, esa es la magia de las utopías.

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